ACELERA: Manifiesto por una política aceleracionista (Alex Williams y Nick Srnicek, 2013)

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01. INTRODUCCIÓN: SOBRE LA COYUNTURA

1. En el comienzo de la segunda década del siglo XXI, la civilización global se enfrenta a una especie nueva de cataclismo. Los apocalipsis que se avecinan ponen en ridículo las normas y las estructuras de organizaciones políticas que se forjaron con el nacimiento de los Estados-nación, el ascenso del capitalismo y un siglo XX de guerras sin precedentes.

2. Más importante es el colapso del sistema climático del planeta que, con el tiempo, amenaza la supervivencia de la actual población humana mundial. Aunque esta es la amenaza más grave que enfrenta la humanidad, hay una serie de problemas de menor envergadura, pero en potencia igualmente desestabilizadores, que coexisten e interactúan con ella. El agotamiento terminal de los recursos, especialmente de las reservas de agua y energía, ofrece la perspectiva de una hambruna masiva, del colapso de los paradigmas económicos y de nuevas guerras frías y calientes. La continua crisis financiera ha llevado a los gobiernos a adoptar la espiral paralizante y mortal de las políticas de austeridad, la privatización de los servicios s de asistencia social, el desempleo masivo y el estancamiento de los salarios. La creciente automatización de los procesos productivos, incluido el “trabajo intelectual”, pone de manifiesto la crisis secular del capitalismo que pronto lo hará incapaz de mantener los niveles de vida actuales, incluso para las antiguas clases medias del hemisferio norte.

3. En contraste con estas catástrofes en aceleración continua, la política actual es acosada por la incapacidad para generar las nuevas ideas y los nuevos modelos de organización necesarios para transformar nuestras sociedades de modo de afrontar y resolver las aniquilaciones por venir. Mientras la crisis gana fuerza y velocidad, la política se marchita y retrocede. En esta parálisis del imaginario político, el futuro ha sido anulado.

4. Desde 1979, el neoliberalismo ha sido la ideología política global hegemónica, omnipresente con algunas variantes en las principales potencias económicas. A pesar de los profundos desafíos estructurales que los nuevos problemas globales le revelan -los más inmediatos: las crisis crediticias, financieras y fiscales que se están produciendo desde 2007-2008-, los programas neoliberales no han evolucionado sino para intensificarse. Esta continuación del proyecto neoliberal, o neoliberalismo 2.0, ha comenzado a aplicar una nueva ronda de ajustes estructurales, especialmente fomentando nuevas y agresivas incursiones del sector privado en lo que queda de las instituciones y los servicios socialdemocráticos. Esto a pesar de los efectos económicos y sociales negativos que presentan tales políticas de manera inmediata, y de los fundamentales límites a largo plazo planteados por las nuevas crisis globales.

5. Que las fuerzas de la derecha gubernamental, no gubernamental, y del poder corporativo hayan sido capaces de impulsar la neoliberalización es, al menos en parte, consecuencia de la parálisis crónica y la naturaleza inoperante de gran porción de lo que resta de la izquierda. Treinta años de neoliberalismo han despojado a la mayoría de los partidos políticos de izquierda de pensamiento radical, de contenidos y del mandato popular. En el mejor de los casos, estos partidos han respondido a las presentes crisis apelando a un retorno a la economía keynesiana, a pesar de la evidencia de que las condiciones que permitieron el desarrollo de las socialdemocracias de posguerra ya no existen. Ni siquiera por decreto podemos regresar al modelo fordista de trabajo. Incluso los regímenes neosocialistas de la Revolución Bolivariana en América del Sur, no obstante, su alentadora habilidad para resistir a los dogmas del capitalismo contemporáneo, siguen siendo, de forma decepcionante, incapaces de presentar una alternativa más allá del socialismo de mediados del siglo XX. Las organizaciones laborales, debilitadas sistemáticamente por los cambios forjados por el proyecto neoliberal, son escleróticas a nivel institucional y, en el mejor de los casos, solo pueden mitigar levemente los nuevos ajustes estructurales. Pero sin un enfoque sistemático para construir una nueva economía ni la solidaridad estructural necesaria para imponer tales cambios, las fuerzas laborales permanecen, por ahora, relativamente impotentes. Los movimientos sociales que han aparecido desde el final de la Guerra Fría y que experimentaron un resurgimiento después de 2008, han sido igualmente incapaces de articular una nueva visión ideológico-política. Por el contrario, estos movimientos consumen una gran cantidad de energía en los procesos internos de democracia directa y en la autocomplacencia afectiva en detrimento de la eficacia estratégica, y proponen frecuentemente una variante de localismo neoprimitivista, pretendiendo combatir la violencia abstracta del capital globalizado con la frágil y efímera “autenticidad” de la inmediatez comunal.

6. A falta de una visión social, política, organizativa y económica radicalmente nueva, los poderes hegemónicos de la derecha seguirán siendo capaces de impulsar contra todas las evidencias su miope imaginario. En el mejor de los escenarios, puede incluso que la izquierda sea capaz durante un tiempo de resistir parcialmente algunas de sus peores incursiones. Pero esto es bien insuficiente contra una marea al final inexorable. Generar una nueva hegemonía global de la izquierda exige la recuperación de los perdidos futuros posibles y, de hecho, la recuperación del futuro como tal.

02. INTERREGNO: SOBRE LOS ACELERACIONISMOS

1. Si hay algún sistema que se haya asociado con ideas de aceleración, es el capitalismo. El metabolismo esencial del capitalismo demanda crecimiento económico, competencia entre entidades capitalistas individuales que estimula el desarrollo tecnológico con el fin de obtener ventajas competitivas, todo ello acompañado de una creciente fractura social. En su forma neoliberal, su autopresentación ideológica es la de la liberación de las fuerzas de destrucción creativa que desencadena innovaciones tecnológicas y sociales en aceleración constante.

2. El filósofo Nick Land ha captado agudamente esto, si bien con la creencia miope, aunque hipnótica, de que la velocidad capitalista por sí sola podría generar una transición global hacia una singularidad tecnológica sin precedentes. En esta visión del capital, el ser humano podría ser eventualmente desechado como un simple lastre por una inteligencia planetaria abstracta que se construye frenéticamente a sí misma uniendo los fragmentos de civilizaciones anteriores. El neoliberalismo landiano confunde, sin embargo, velocidad con aceleración. Puede que nos estemos moviendo rápidamente, pero es solo dentro de una serie estrictamente definida de parámetros capitalistas que, por su parte, no vacilan nunca. Experimentamos nada más que la velocidad creciente de un horizonte local, un simple espasmo clínicamente muerto en lugar de una aceleración que sea también “navegacional”, un proceso experimental de descubrimiento dentro de un espacio universal de posibilidades. Es esta última forma de aceleración la que consideramos esencial.

3. Aún peor es que, como lo reconocieron Deleuze y Guattari, lo que la velocidad capitalista desterritorializa por un lado, lo reterritorializa por el otro desde el comienzo mismo. El progreso se ve constreñido al marco de la plusvalía, de un ejército reservista de mano de obra y de un capital libremente flotante. La modernidad es reducida a medidas estadísticas de crecimiento económico y la innovación social es incrustada de restos kitsch de nuestro pasado comunal. La desregulación thatcheriana-reaganiana convive en armonía con los valores familiares y religiosos del “retorno a los orígenes” Victorianos.

4. Una tensión más profunda dentro del neoliberalismo es la de su autorrepresentación como vehículo de modernidad, como sinónimo literal de modernización, mientras promete un futuro que es constitutivamente incapaz de proporcionar. De hecho, a medida que el neoliberalismo ha avanzado, en lugar de fomentar la creatividad individual, ha tendido a eliminar la inventiva cognitiva en beneficio de una línea de producción afectiva de interacciones programadas, combinada con cadenas de suministro globales y una zona de producción neofordista en el Este. El infinitamente pequeño cognitariado de trabajadores intelectuales de élite se reduce cada año que pasa y cada vez en mayor medida, al abrirse lugar la automatización algorítmica entre las esferas del trabajo afectivo e intelectual. A pesar de presentarse a sí mismo como desarrollo histórico necesario, el neoliberalismo fue en realidad apenas un medio contingente para repeler la crisis del valor que surgió en los setenta. Inevitablemente, esto fue más una sublimación de la crisis que su superación definitiva.

5. Es Marx, junto con Land, el pensador paradigmático del aceleracionismo. Contrariamente a las manidas críticas e incluso al comportamiento de algunos marxistas contemporáneos, debemos recordar que el mismo Marx utilizó los instrumentos teóricos más avanzados y los datos empíricos disponibles en su intento de entender plenamente y transformar su mundo. No era un pensador que se resistiese a la modernidad, sino uno que buscaba analizarla e intervenirla, comprendiendo que, a pesar de toda la explotación y la corrupción, el capitalismo seguía siendo el sistema económico más avanzado del momento. Sus beneficios no debían ser revertidos, sino acelerados más allá de las restricciones de la forma de valor capitalista.

6. Lenin escribió en su texto de 1918 “Acerca del infantilismo ‘izquierdista'”:

“El socialismo es inconcebible sin la gigantesca maquinaría capitalista basada en los últimos avances de la ciencia moderna. Es inconcebible sin una organización estatal planificada que someta a decenas de millones de personas al más estricto cumplimiento de una norma única de producción y distribución. Nosotros, los marxistas, hemos hablado siempre de esto, y no merece la pena gastar ni dos segundos en conversar con gente que no comprende ni siquiera eso (los anarquistas y una parte considerable de los revolucionarios de la izquierda socialista).”

7. Como Marx sabía, el capitalismo no puede ser identificado como el agente de la verdadera aceleración. De igual manera, afirmar que las políticas de izquierda son la antítesis de la aceleración tecnosocial es, al menos en parte, una grave tergiversación. Si la izquierda política quiere asegurarse un futuro, deberá ser uno en el que adopte al máximo esta tendencia aceleracionista reprimida.

03. MANIFIESTO: SOBRE EL FUTURO

1. Creemos que la división más importante en la izquierda de hoy se da entre los que se atienen a una política folk, acción directa y horizontalismo intransigente, y los que conforman una política que podríamos llamar aceleracionista, sin subir de abstracción, complejidad, globalidad y tecnología. Los primeros se conforman con establecer pequeños espacios temporales de relaciones sociales no-capitalistas, rehuyendo los problemas reales que conlleva el enfrentarse a enemigos intrínsecamente no-locales, abstractos y profundamente arraigados en nuestra infraestructura cotidiana. El fracaso está incorporado desde el principio en estas políticas. Por el contrario, una política aceleracionista busca preservar las conquistas del capitalismo tardío al tiempo que va más allá de lo que su sistema de valores, sus estructuras de control y sus patologías de masa permiten.

2. Todos queremos trabajar menos. Intriga preguntarse por qué ocurre que el economista más importante del mundo de la posguerra creyera que un capitalismo ilustrado progresaría inevitablemente hacia la reducción radical de las horas de trabajo. En “Perspectivas económicas para nuestros nietos” (escrito en 1930), Keynes pronosticó un ful uro capitalista en el que los individuos verían su jornada laboral reducida a tres horas por día. Lo que ha ocurrido en cambio es la gradual eliminación de la distinción entre trabajo y vida, con el trabajo permeando todos los aspectos de la fábrica social emergente.

3. El capitalismo ha comenzado a reprimir las fuerzas productivas de la tecnología o, por lo menos, a dirigirlas hacia fines innecesariamente estrechos. Las guerras de patentes y la monopolización de las ideas son fenómenos contemporáneos que ponen de relieve tanto la necesidad del capital de dejar atrás la competencia, como su tratamiento cada vez más retrógrado de la tecnología. Los logros propiamente acelerativos del neoliberalismo no han resultado en menos trabajo ni en menos estrés. Y en lugar de un mundo de viajes espaciales, de conmoción futurista y potencial tecnológico revolucionario, vivimos en una época en la que lo único que se desarrolla es un conjunto de aparatos [gadgetry] dirigidos al consumo ligeramente mejorados. Incesantes repeticiones del mismo producto de base sostienen la demanda marginal de consumo a expensas de la aceleración humana.

4. No queremos volver al fordismo. No puede haber vuelta al fordismo. La “edad de oro” capitalista se fundó en el paradigma de producción del ambiente disciplinado de la fábrica, donde los trabajadores (varones) recibían seguridad y condiciones de vida básicas a cambio de una vida de aburrimiento embrutecedor y de represión social. Tal sistema se sustentaba en una jerarquía internacional de colonias e imperios y una periferia subdesarrollada; en una jerarquía nacional de racismo y sexismo; y en una rígida jerarquía familiar de subyugación de las mujeres. A pesar de la nostalgia que muchos pueden sentir, el regreso a este régimen es tanto indeseable como prácticamente imposible.

5. Los aceleracionistas quieren liberar las fuerzas productivas latentes. En este proyecto, la base material del neoliberalismo no necesita ser destruida, necesita ser redirigida hacia objetivos comunes. La infraestructura existente no es un escenario capitalista que deba ser demolido, sino una plataforma de lanzamiento hacia el postcapitalismo.

6. Dada la esclavización de la tecno-ciencia a los objetivos capitalistas (especialmente desde finales de los setenta), ciertamente aún no sabemos lo que un cuerpo tecno-social moderno puede hacer. ¿Quién de nosotros sabe plenamente qué potenciales inexplotados esperan en las tecnologías que han sido ya desarrolladas? Nuestra apuesta es que las verdaderas fuerzas transformadoras de mucha de la investigación tecnológica y científica continúan sin ser explotadas, cargadas como están de características redundantes (o preadaptaciones) y que, de producirse un cambio más allá del miope socius capitalista, podrían resultar decisivas.

7. Queremos acelerar el proceso de evolución tecnológica. Pero lo que defendemos no es un tecno-utopismo. Nunca creímos que la tecnología será suficiente para salvarnos. Necesaria, sí, pero nunca suficiente sin la acción sociopolítica. La tecnología y lo social están íntimamente ligados entre sí, y los cambios en cualquiera de ellos potencia y refuerza los cambios en el otro. Mientras los tecno-utopistas abogan por la aceleración con el argumento de que superaría automáticamente los conflictos sociales, nuestra posición es que la tecnología debe ser acelerada precisamente porque es necesaria para ganar los conflictos sociales.

8. Creemos que todo postcapitalismo requiere una planificación postcapitalista. La fe en la idea de que, después de una revolución, la gente constituirá espontáneamente un nuevo sistema socioeconómico que no sea un simple retomo al capitalismo es, en el mejor de los casos, ingenua, y en el peor, ignorante. Para superar esto, debemos desarrollar tanto un mapa cognitivo del sistema existente, como una imagen especulativa del futuro sistema económico.

9. Declaramos que la cuantificación no es un mal que deba ser eliminado, sino una herramienta que ha de ser utilizada de la forma más eficaz posible. La modelación económica es, en palabras simples, una necesidad para hacer inteligible un mundo complejo. La crisis financiera de 2008 pone de manifiesto los riesgos de aceptar ciegamente con base en la fe modelos matemáticos, aunque lo que ocurrió no es problema de las matemáticas, el problema es la autoridad ilegítima de la elite financiera. Las herramientas que se encuentran en los análisis de redes sociales, en los modelos basados en agentes, en la analítica de datos masivos, y en los modelos económicos de no-equilibrio, son mediadores cognitivos necesarios para entender sistemas complejos como la economía moderna. La izquierda aceleracionista debe aprender y formarse en estos campos técnicos

10. Toda transformación de la sociedad debe implicar la experimentación económica y social. El proyecto chileno Cybersyn es un paradigma de esta actitud experimental: fusiona tecnologías cibernéticas avanzadas con técnicas de modelación económica sofisticadas y una plataforma democrática materializada en la infraestructura tecnológica misma. En los años cincuenta y sesenta también se realizaron experimentos similares en la economía soviética, empleando la cibernética y la programación lineal en un intento por superar los nuevos problemas que enfrentaba la primera economía comunista. El hecho de que estas dos experiencias hayan finalmente fracasado se puede explicar por las limitaciones políticas y tecnológicas bajo las que operaban estos pioneros cibernéticos.

11. La izquierda debe desarrollar una hegemonía tecno-social tanto en el ámbito de las ideas como en el de las plataformas materiales, que son la infraestructura de la sociedad global. Estas plataformas establecen los parámetros básicos de lo posible tanto en el ámbito conductual como en el ideológico. En este sentido, encaman el material trascendental de la sociedad: son lo que hace posibles determinados grupos de acciones, relaciones y poderes. Que mucho de la actual plataforma global esté orientado a favor de las relaciones sociales capitalistas, no es una condición inevitable. Estas plataformas materiales de producción, finanzas, logística y consumo pueden ser y serán reprogramadas y reformateadas con miras a fines postcapitalistas.

12, No creemos que la acción directa sea suficiente para alcanzar ninguno de estos objetivos. Las tácticas habituales de marchas con pancartas y de creación de zonas temporalmente autónomas corren el riesgo de convertirse en reconfortantes sustitutos del éxito efectivo. “Al menos hacemos algo” es el grito de guerra de aquellos que anteponen la autoestima a la acción realmente eficaz. El único criterio para una buena táctica es si posibilita o no un éxito significativo. Debemos acabar con la fetichización de modos particulares de acción. La política debe ser tratada como un conjunto de sistemas dinámicos, desgarrado por conflictos, adaptaciones y contra-adaptaciones, y carreras armamentistas estratégicas. Esto significa que toda forma particular de acción política pierde filo y eficacia con el tiempo porque la otra parte se adapta. No hay ninguna forma de acción política históricamente irrenunciable. Es más: con el paso del tiempo se hace cada vez más necesario descartar tácticas de lucha habituales, porque las fuerzas y entidades contra las que se levantan aprenden a defenderse y a contraatacarlas de manera eficaz. Es en parte en la incapacidad de la izquierda contemporánea de hacer esto que se encuentra el núcleo del malestar contemporáneo.

13. El abrumador privilegio de la democracia-como-proceso debe ser dejado atrás. La fetichización de la apertura, la horizontalidad y la inclusión de gran parte de la izquierda “radical” contemporánea sientan las bases de la ineficacia. El secretismo, la verticalidad y la exclusión también tienen su lugar (aunque, claro, no de naturaleza exclusiva) en la acción política efectiva.

14. La democracia no puede ser definida simplemente por sus medios: ni por la votación, ni por el debate, ni por las s asambleas generales. La democracia verdadera debe definirse por su objetivo: el autodominio colectivo. Es un proyecto que debe alinear la política con el legado de la Ilustración, en la medida en que solo a través del aprovechamiento de nuestra habilidad para comprendernos mejor a nosotros y a nuestro mundo (social, tecnológico, económico, psicológico) podremos llegar a gobernarnos a nosotros mismos. Debemos establecer una autoridad vertical legítima y colectivamente controlada junto con formas de socialización distribuidas y horizontales para evitar convertirnos en esclavos de un centralismo totalitario y tiránico o de un caprichoso orden emergente que escape a nuestro control. La autoridad del Plan debe ser unida al orden improvisado de la Red.

15. No proponemos ninguna organización en particular como medio ideal para encarnar estos vectores. Lo que se necesita -lo que siempre se ha necesitado- es una ecología de las organizaciones, un pluralismo de fuerzas que resuenen y se retroalimenten sobre la base de sus ventajas comparativas. El sectarismo es la sentencia de muerte de la izquierda del mismo modo en que lo es la centralización, y en este sentido continuamos dando la bienvenida a la experimentación con diferentes tácticas (incluso aquellas con las que diferimos).

16. Tenemos tres objetivos concretos a mediano plazo. En primer lugar, debemos construir una infraestructura intelectual. Imitando a la Mont Pelerin Society de la revolución neoliberal, se trata de crear una nueva ideología, unos modelos económicos y sociales nuevos, y una visión de lo que es bueno, para reemplazar y superar los paupérrimos ideales que hoy rigen nuestro mundo. Estamos hablando de una infraestructura en el sentido de construir no solo las ideas, sino también las instituciones y las vías materiales que permitan inculcarlas, encarnarlas y difundirlas.

17. Tenemos que articular una reforma de los medios de comunicación a gran escala. A pesar de la aparente democratización que ofrecen Internet y las redes sociales, los canales de los medios tradicionales continúan siendo claves en la selección y formulación de las narrativas, junto con la posesión de los recursos económicos necesarios para producir periodismo de investigación. Acercar lo más posible estos órganos al control popular es crucial para desmontar el discurso actual sobre el estado de las cosas.

18. Por último, debemos reconstituir diversas formas del poder de clase. Esta reconstitución debe ir más allá de la idea de que ya existe un proletariado global orgánicamente generado. En su lugar, debe buscarse la manera de integrar una serie dispar de identidades proletarias parciales, a menudo encarnadas en formas postfordistas de trabajo precario.

19. Algunos grupos e individuos trabajan ya en estos objetivos, pero hacerlo cada uno por separado es insuficiente. Lo que se necesita es que los tres objetivos se retroalimenten mutuamente, cada uno modificando la coyuntura contemporánea de tal manera que los otros sean más y más efectivos. Un auténtico bucle de retroalimentación, de transformación infraestructural, ideológica, social, y económica, que genere una nueva hegemonía compleja y una nueva plataforma tecnosocial postcapitalista. La historia demuestra que siempre ha sido un amplio ensamblaje de tácticas y de organizaciones lo que ha provocado un cambio sistemático; debemos aprender estas lecciones.

20. Para lograr cada uno de estos objetivos, en el nivel más práctico, sostenemos que la izquierda aceleracionista debe pensar más seriamente sobre los flujos de recursos y dinero necesarios para construir una nueva infraestructura política eficaz. Más allá del “poder popular” de los cuerpos que marchan en las calles, necesitamos financiamiento, ya sea de gobiernos, instituciones, laboratorios de ideas, sindicatos o benefactores individuales. Consideramos que la localización y la gestión de tales flujos de financiamiento son esenciales para comenzar a reconstruir una ecología de organizaciones eficaces de izquierda aceleracionista.

21. Declaramos que solo una política prometeica de máximo dominio sobre la sociedad y su entorno será capaz de lidiar con los problemas globales o lograr la victoria sobre el capital. Es necesario distinguir este dominio del de la Ilustración original, tan estimado por los pensadores. El universo mecánico de Laplace, de fácil dominio si contamos con la suficiente información, ha desaparecido de la agenda del conocimiento científico serio. Con esto no nos alineamos con el gastado residuo de la posmodernidad, que condena el dominio como algo protofascista o la autoridad como intrínsecamente ilegítima. En cambio, proponemos que los problemas que acosan a nuestro planeta y a nuestra especie nos obligan a restaurar el dominio con un aspecto nuevo y complejo. Si bien no podemos predecir el resultado exacto de nuestras acciones, sí podemos determinar de forma probabilística rangos de resultados posibles. Lo que debe asociarse a estos análisis de sistemas complejos es una nueva forma de acción: una que improvise y sea capaz de ejecutar un programa a través de una práctica que trabaje con las contingencias que descubre mientras actúa, dentro de una política de dominio geosocial y de astuta racionalidad. Una forma de experimentación abductiva que busque los mejores medios para actuar en un mundo complejo.

22. Necesitamos recuperar el argumento tradicionalmente formulado a propósito del postcapitalismo: el capitalismo no solo es un sistema injusto y perverso, sino también un sistema que frena el progreso. Nuestro desarrollo tecnológico está siendo paralizado por el capitalismo en la misma medida en la que fue desencadenado por él. El aceleracionismo es la convicción de que estas capacidades pueden y deben ser liberadas, y elevarse por encima de las limitaciones que impone la sociedad capitalista. Superar nuestras restricciones actuales implica mucho más que una simple lucha por una sociedad global más racional. Creemos que debe incluir también la recuperación de los sueños que fascinaron a muchos desde mediados del siglo XIX hasta los albores de la era neoliberal, sueños del homo sapiens en busca de expansión más allá de los límites del planeta y de nuestras formas corporales inmediatas. Estas visiones son consideradas hoy reliquias de una época más inocente. Aun así, ponen de relieve la asombrosa falta de imaginación de nuestro tiempo y ofrecen la promesa de un futuro afectivamente vigorizante e intelectualmente energizante. Después de todo, solo una sociedad postcapitalista posible gracias a una política aceleracionista será capaz de cumplir las promesas que generaron los programas espaciales de mediados del siglo XX e ir más allá de un mundo hecho de pequeñas mejoras técnicas hacia un cambio integral. Hacia una era de autodominio colectivo, y hacia el futuro propiamente alienígena que implica y posibilita. Hacia la culminación del proyecto de autocrítica y autodominio de la Ilustración, más que hacia su eliminación.

23. La elección que afrontamos es crítica: o un postcapitalismo globalizado o una fragmentación lenta hacia el primitivismo, la crisis perpetua y el colapso ecológico planetario.

24. El futuro necesita ser construido. El capitalismo neoliberal se ocupó de demolerlo, reduciéndolo a un depreciado horizonte de mayor desigualdad, conflicto y caos. Este colapso de la idea de futuro es sintomático del estatus histórico regresivo de nuestra época y no, como muchos cínicos de todo el espectro político nos quieren hacer creer, un signo de madurez escéptica. Lo que el aceleracionismo promueve es un futuro más moderno; una modernidad alternativa que el neoliberalismo es intrínsecamente incapaz de generar. El futuro debe ser partido al medio otra vez para liberar y abrir nuestros horizontes hacia las posibilidades universales del Afuera.

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